Fotos: Oscarb
Talento, proyección y, sobre todo, literatura. Casi un mes después de conocerse el veredicto, y tras varias semanas de expectación entre los lectores, el pasado miercoles 8 de noviembre tuvo lugar en el Instituto Cervantes de Madrid la presentación de las novelas ganadora y la finalista de la 71º edición del Premio Planeta. Una cita en la que Sonsoles Ónega, autora de la ficción ganadora, Las hijas de la criada; y el historiador Alfonso Goizueta, creador de la novela finalista, La sangre del padre, celebraron la publicación de sus trabajos, ya disponibles en las librerías.
En compañía del director de Planeta, José Crehueras, los escritores han charlado sobre sus novelas, dos historias apasionadas firmadas por autores apasionados. Las publicaciones están marcadas por tintes históricos, combinando ficción y realidad, y reflexionan sobre temas tan universales como son las relaciones familiares, el amor y la conquista de la libertad -ya sea individual como colectiva-.
La séptima novela de Ónega surge de una historia real. La periodista empezó a darle forma tras cubrir el caso de dos niñas que fueron separadas al nacer en un hospital de la Rioja, y que se enteraron de este hecho casi dos décadas después. La comunicadora intentó ponerse en contacto con ellas, pero estas no quisieron aportar. Asimismo, su caso inspiró a la ganadora a dar forma a «un novelón» que tiene como protagonitas a Clara, Catalina e Inés, entre otros personajes apasionantes.
La periodista afirmó que le gusta «bucear» por las historias de las mujeres del pasado, porque muchas de ellas conquistaron las luchas que hoy hacen más fácil el día a día. En parte, esta curiosidad aúna literatura y periodismo. Combinar ambas le permite cumplir con su «sentido de la responsabilidad». «Sé que trabajo para los demás, en la televisión para el espectador y en la literatura para el lector», reconoció.
Por su parte, Alfonso Goizueta resaltó la felicidad que supone para él haber debutado en la literatura arropado por Planeta. Apasionado de la historia y la literatura, retrata en su novela a un Alejandro Magno que duda, sufre, atraviesa las contradicciones típicas de «un chaval de 20 años» y se aleja del mito para mostrar a los lectores una cara más humana.






